Héctor Lavoe: El cantante de los cantantes


La forma de cantar de Héctor Lavoe: agresiva, atrevida y algunas veces forzada marcó un estilo único en la salsa, que le permitió diferenciarse y mantenerse vigente en el gusto del público por encima del de otros cantantes de la época como era el caso de Ismael Miranda, El Conde Rodríguez o Cheo Feliciano. Lavoe era un muchacho como cualquier otro, y esta imagen era precisamente lo que hacía que la gente se identificara con él y lo quisiera, a pesar de sus malcriadeces y particular personalidad.

Héctor Juan Pérez Martínez nació en Ponce, Puerto Rico, el 30 de septiembre de 1946 en el seno de una familia humilde. De sus padres y abuelos heredó el gusto por la música y la trova. De Daniel Santos, Ramito y Chuíto la inspiración para la imitación. Sin mayores estudios ni academicismos se formó este joven, quien nunca renegó de sus orígenes y que más bien luchó por conservar ese don de pueblo, de donde heredaría luego el apodo: “El jibarito de Ponce”.
Con apenas catorce años de edad se inició en el mundo “profesional” cantando con pequeñas orquestas que se encargaban de animar las noches puertorriqueñas; sin embargo, a los diecisiete años sus ganas de probar suerte lo llevaron a recoger sus maletas y tocar la puerta de su hermana Priscilla en Nueva York, donde se gestaba el movimiento de la música caribeña más importante del continente.

Fue en 1967, después de haber tocado muchas puertas en La Gran Manzana, que Héctor Lavoe dio su primer paso importante cuando fue invitado a cantar en el entonces club Tropicoro. Esta presentación lo dio a conocer entre los productores y directores de bandas del momento, llamando la atención particular de Willie Colón, quien lo invita a incorporarse a su orquesta. Esta llamada cambiaría, definitivamente, su vida profesional de ahí en adelante.

…en los trombones Willie Colón y en la voz Héctor Lavoe
Para finales de los sesenta Willie Colón era parte de la plantilla de músicos que manejaba la disquera Fania Records, así que, Lavoe, unido a Colón, tenía gran parte del camino andado. Los años con la orquesta del trombonista puertorriqueño fueron parte de sus mejores años como cantante. En esta época produjeron álbumes como “Lo mato”, “El juicio”, “Cosa Nostra”, “Asalto navideño”, entre otros.

Pero con la fama vinieron los problemas. La personalidad desenfrenada de Lavoe y su errónea incursión en las drogas, hicieron que cada vez fuera más difícil trabajar con él. Primero empezó a llegar tarde a los ensayos, luego a los conciertos o bailes; sin embargo, dada su personalidad electrizante y estilo, siempre recibió el apoyo del público y de sus compañeros.
A pesar de eso, la paciencia de Colón estaba llegando a sus límites y, aunado a sus deseos de explorar nuevos horizontes, la unión de estos dos músicos había llegado a su fin. Es así como en 1973, en paralelo a la disolución de la orquesta, surge para Lavoe la posibilidad de iniciar su carrera como solista con el apoyo de La Fania y del mismo Colón, de quien se había separado de forma amistosa.

Los setenta, la década del auténtico montuno

Lanzar a cantantes de orquestas famosas como solistas era parte de una nueva estrategia de La Fania, que de esa manera estaba saliendo al paso cuando sus agrupaciones más importantes decidían separarse. Así lo hicieron primero con Ismael Miranda cuando se separó de la orquesta de Larry Harlow y luego con Lavoe cuando la orquesta de Willie Colón se disolvió.
Es así, como en 1974 sale al mercado “La Voz”, el primer elepé de Lavoe como solista, que contó con el respaldo de su viejo amigo Willie Colón ahora desde la función de productor. Los dos éxitos más importantes de este trabajo discográfico fueron las canciones: “El Todopoderoso” y “Rompe saragüey”, casualmente estos dos temas tenían tintes religiosos, la primera sin aludir a la santería y la segunda impregnada inequívocamente con expresiones de la santería negra.

Según señala el escritor venezolano César Miguel Rondón en “El libro de la Salsa”, tres elementos convergieron para hacer de ‘El Todopoderoso’ un éxito: 

“En primer lugar, la voz y el estilo de Lavoe para cantar la guaracha, definitivamente agresivo, irreverente, forzando modulaciones, haciendo del canto una simple prolongación del habla clandestina de los barrios; en segundo lugar; el arreglo de Willie (…); y en tercer lugar, el tema, de impresionante raigambre popular, que nunca antes había sido asumido de manera plena y convincente por la nueva expresión salsosa.”
A “La Voz” le provino su segundo álbum titulado “De ti depende” (1976), producido una vez más por Willie Colón. De este nuevo elepé Lavoe inmortalizó los sencillos “Periódico de ayer”, y “Mentira”, que hoy en día siguen vigentes y escuchándose por cualquier melómano. Los críticos afirman que para este segundo disco ya Lavoe no contaba con la misma calidad vocal que para el anterior e incluso los fraseos e improvisaciones cayeron en la fórmula ya previamente experimentada por el cantante. Sin embargo, para 1977 Héctor Lavoe ya estaba afianzado en la escena como uno de los grandes sononeros y a quien difícilmente, los jóvenes cantantes amateurs podían quitarle el trono.

En 1978, salió uno de los mejores discos de Lavoe: “Comedia”, en donde se encontraba la famosísima canción compuesta por Rubén Blades y que le personificó con el pasar del tiempo: “El Cantante”, un éxito rotundo tanto para Lavoe como cantante, como para Colón y Blades como arreglista y compositor, respectivamente. A pesar de sus vaivenes el público nunca lo abandonó y siempre le fue fiel a su estilo y espectáculos.
A pesar de todo el éxito y el boom de su carrera, el desenfreno, irreverencias y promiscuidad de Lavoe seguían en aumento. Sumado a esto, su vida personal fue un constante vaivén de desgracias, de las cuales no se supo recuperar: la muerte de su hermano a causa de una sobredosis, la muerte accidental de uno de sus hijos, el asesinato de su suegra, el incendio de su casa en Queens.

Entre finales de los setenta y principios de los ochenta la vida personal de Lavoe había tocado fondo, y sin poder separar una cosa de la otra, su vida profesional empezó a descender, al punto que tuvo que retirarse de los escenarios por un tiempo. Alrededor de este hecho se tejieron muchas historias: unos lo daban por “loco”, otros por drogadicto, otros decían que había perdido el habla, y otros simplemente decían que se trataba de una brujería.
Desde ese momento su vida profesional no volvió a ser la misma. El cenit de su inestabilidad se evidenció el 25 de junio de 1988, en el malogrado concierto en el coliseo Rubén Rodríguez de Bayamón. Ante el fracaso experimentado en su país, Lavoe volvió al hotel en el que se hospedaba en ese momento y se lanzó al vacío desde el octavo piso, quedando seriamente maltratado.
Para dolor de muchos, la estrella caída en desgracia no recibió ayuda. En su lugar lo que atrajo fue estafadores y vividores que buscaron de sacar lucro de la agonía de “El Cantante de los Cantantes”.
En 1993, sólo cinco años después, Héctor Lavoe calló su voz físicamente en la ciudad de Nueva York, víctima del sida. Sin embargo, su canto no se callará nunca pues Héctor Lavoe está inmortalizado a través de sus canciones e interpretaciones que le dieron un sitial de honor en la historia de la Salsa y la música caribeña.