El doblaje: Arte de las voces

Ver una escena de un personaje o actor favorito pero con un acento extranjero, es para algunos un choque auditivo. Sucede muy a menudo en nuestras latitudes cuando películas, telenovelas y dibujos animados son doblados por talentos de otras nacionalidades para acercar más las producciones cinematográficas y audiovisuales a un público multicultural, por ello las productoras de cine y televisión recurren a los especialistas del doblaje, expertos en el arte de cambiar el idioma y expresar con su voz las vivencias, intenciones y sentimientos de quienes protagonizan cada historia.
El doblaje nace de la necesidad comercial de diversificar y masificar la distribución de las cintas para generar más ingresos, es por ello que muchos lo cuestionan como un arte y sencillamente lo ven como una técnica más.
Su nacimiento data de finales de los años 20, siendo el resultado del decaimiento del cine mudo, periodo en que surgió la singular figura del interpretador o explicador cuyo papel en las proyecciones cinematográficas precede al doblaje, siendo su función la de contar a los presentes todo lo que transcurría en la pantalla.

El modelo no tuvo éxito y la industria pensó que el explicador podía realizar una lectura dramatizada de los hechos para que el público menos entendido pudiera comprender el relato fílmico, pero la molestia de tener que prestar atención a dos cosas a la vez y el progresivo crecimiento intelectual del público, reveló una necesidad latente: los personajes debían hablar.

El cine había pronunciado así sus primeras palabras, comenzó vocalizando con la cinta el Cantante del Jazz (estrenada el 6 de octubre de 1927) en la que había algunos fragmentos hablados y terminó de dominar la técnica con la película Lights of New York (estrenada el 6 de julio de 1928).
El avance supuso un reto al momento de distribuirse las películas en el extranjero, pues las audiencias especialmente las europeas, perdieron interés en las películas en razón a que no comprendían el idioma. Para tratar de remediar el asunto se realizaron versiones de cada película en las distintas lenguas en que iban a distribuirse. Por ejemplo, Drácula de Tod Browning fue rodada al mismo tiempo en español con el actor Carlos Villarias quien hacía las veces de Bela Lugosi.

Los costos y poca practicidad de este proceso obligaron a encontrar otra solución, sustituir el sonido original por otro, algo que suena sencillo pero que requiere un alto grado de detalle para que el resultado sea perfecto.

Llegada a latinoamerica

En el sentido formal, según la Real Academia Española, el doblaje en cine o televisión es aquella "operación en la que se sustituye la parte hablada por su traducción en otra lengua".

Si bien muchas veces este proceso puede pasar desapercibido, hacer doblajes incluye un nicho artístico muy fuerte y una pata empresarial con su propio peso dentro de la económicamente poderosa industria audiovisual.

Los pioneros de esta técnica fueron los estudios de animación de Walt Disney. Fue en el año 1938 que se estrenó el primer largometraje de la historia doblado íntegramente al español: Blancanieves y los siete enanitos. La traducción de la cinta llevó poco más de seis meses y no se mantienen copias ni registros de ese primer intento por parte de la industria de llegar a Hispanoamérica con sus contenidos.

Estos primeros doblajes al español se realizaron en Estados Unidos y contenían una extraña mezcla de acentos de las distintas regiones de América latina y España, ya que el rol institucionalizado del actor de doblaje aún no existía. Esta característica casi hace fracasar la expansión internacional de Disney, ya que el público rechazaba la combinación de voces y esto perjudicaba el rendimiento comercial de los contenidos.

En base a esta problemática, Disney decidió trasladar los estudios de doblaje a distintos países hispanoparlantes y que la dirección del proceso estuviese a cargo de directores y actores de habla castellana.

El primer gran estudio de doblaje en América Latina se abrió en Buenos Aires. Años después, en 1949, una delegación del estudio argentino se trasladó a México para encontrar la voz de Cenicienta a través de un concurso organizado por la emisora de radio XEW.

La producción terminó eligiendo a la actriz y cantante centroamericana Evangelina Elizondo para interpretar a la princesa. El resultado fue tan bueno en calidad y taquilla que a partir de ese entonces México se consagró regionalmente como "la capital del doblaje".

El otro grande en la historia de los doblajes al español fue en 1991, con el estreno de La Bella y la Bestia. Para esta película Disney tomó la decisión de producir dos doblajes diferentes: uno para América Latina producido en México y otro en España. Esta modalidad se mantiene hasta la fecha y, de hecho, la industria del doblaje en el país ibérico es hasta hoy casi omnipresente.

El proceso

La rutina del doblajista es bastante frenética y su trabajo forma parte de una larga cadena que comienza con la traducción del guión original de la película, documental o serie de televisión y que termina con la postproducción, en donde se perfeccionan todos y cada uno de los audios y sonidos de la cinta. En el medio de todo este recorrido está la grabación de voz que realiza el actor.

En sus comienzos el doblaje se realizaba grabando varias páginas de texto previamente traducidas y memorizadas, donde tambien lo realizaban todos los actores juntos en una cabina, hoy es por separado. A fin de lograr sincronía con los labios de los actores originales del film las escenas eran practicadas varias veces, la posibilidad de error era un grave riesgo ya que para aquel encontes se trabajaba con película fotográfica.

La evolución de la técnica dio lugar al doblaje por ritmos en el que se toman del guión algunas escenas del personaje y sobre ellas se van marcando pausas que corresponden a la interpretación original. Los actores de doblaje visualizan la escena varias veces para marcar dicho tono, estudiar la situación de la escena, el tono y la intención.

Posteriormente hacen una práctica de doblaje escuchando a través de los auriculares la escena original y así revisan si hay sincronía entre la lectura y lo visto en pantalla. Una vez dominada esta parte en la que la técnica del Lisync o sincronía de labios juega un papel vital, se procede a la grabación, con un proceso supervisado por un director de doblaje, quien asegura la coincidencia de los tiempos y la interpretación adecuada.
Otra técnica empleada, útil por demás para el doblaje de documentales, es la del cronómetro que consiste en el uso de un reloj que indique los segundos restantes para que comience o termine el audio (normalmente una voz en off).

El estudio de grabación es algo así como la oficina del actor de doblaje, en donde todo sucede. Allí hay únicamente un atril con el guión traducido, un par de auriculares, un micrófono y un monitor desde el cual se va trasmitiendo la acción que se está interpretando.

Pocas veces el actor tiene la oportunidad de ensayar o de ver antes el material. Solo los grandes estudios como Disney o Dreamworks se reúnen directamente con los doblajistas antes de grabar para preparar un papel. Estos solo pueden ver la película una o dos veces y en una sala de reuniones aislada desde donde ninguna imagen inédita del proceso pueda filtrarse.

Es que el doblaje también tiene una dosis alta de actuación y muchos doblajistas coinciden en que tener una noción mínima de este arte es fundamental para hacer el trabajo bien.

¿Star-talents y conflictos?

Esta mentalidad que tiene de un trabajo integral va un poco en contra de las tendencias por parte de los grandes estudios de animación o de documentales, que muchas veces, por motivos de marketing, eligen a grandes estrellas para las voces de sus personajes, tanto para los originales como para las versiones dobladas.

El ejemplo más cercano de esta práctica es la película Minions. Los protagonistas humanos de la animación, Scarlet y Herb Overkill, fueron doblados al español por los cantantes Thalía y Ricky Martin, respectivamente, para toda América Latina. En inglés, las voces originales de estos personajes las interpretan los actores Sandra Bullock y Jon Hamm.

Pero este proceso también puede darse a la inversa: actores de doblaje que comenzaron como simples desconocidos y que hoy tienen voces que los convierten en celebridades y figuras imprescindibles para el negocio. Esto es particularmente notorio en el caso de las series animadas que duran años y suelen presentarse traducidas.

Quizá el máximo ejemplo en esto sean Los Simpson. Es probable que pocos espectadores latinoamericanos pensaran en la importancia de las voces de la familia de Springfield hasta que, por un conflicto sindical, Humberto Vélez fue despedido de la empresa mexicana para la cual trabajaba haciendo la voz de Homero. Desde aquel 2005, los "¡douh!" y "¡iuju!" del padre amante de la cerveza y las donas no suenan como si fueran los originales.

¿Arte o comercio?

El doblaje tiene muchos defensores y detractores. Del lado de las butacas del cine están quienes prefieren escuchar las voces originales de los actores pues de lo contrario piensan que se pierde parte de la interpretación, por otro están quienes se sienten a gusto y disfrutan más las películas cuando son habladas en su mismo idioma e incluso con su mismo acento. Del lado de la industria están quienes aseguran que el doblaje es sólo una herramienta comercial que permite distribuir los filmes a más países y consideran que más que técnica es un arte.

Para quienes defienden esta última postura, el doblaje va más allá de sincronizar el video original con un audio en distinto idioma; encierra en sí mismo un arduo trabajo de interpretación que a fin de cuentas puede revalorizar o disminuir la calidad artística de las versiones que se hacen de cada película. 

No por nada la mayoría de las personas encargadas de hacer el doblaje son locutores o actores, profesionales de la voz y de la dramatización y especialistas en darle el matiz correcto a cada personaje para éste conserve su esencia natural.

Fuera de este debate que parece nunca ver un punto final, existe otro dilema: el uso de los acentos propios o del acento neutro. Ciertas producciones como los documentales, dibujos animados (doblados en su mayoría por talentos femeninos) y comerciales, requieren un acento neutro que permita comunicar un mensaje (en nuestro caso en el mundo de habla hispana) sin identificar el origen del hablante. 
Esta forma de locución abre las fronteras a las personas para trabajar en el mercado internacional y es aceptada por todos los públicos; México, Venezuela y Argentina llevan la batuta en este campo pues en estos países no sólo se concentra el mayor número de talentos capaces de articular un acento de este tipo sino que además se encuentran numerosas escuelas donde se "enseña" el arte del doblaje haciendo énfasis en la pronunciación neutra.

De la misma forma se observa una creciente demanda de producciones en su acento original como por ejemplo ocurre con las novelas colombianas. 

Este fenómeno es nuevo, décadas atrás sólo pocas producciones tuvieron éxito en su versión original y sólo algunas creaciones audiovisuales como Cantinflas o las series de Roberto Gómez Bolaño, El Chavo del Ocho, El Chapulín Colorado entre otras, se robaron el corazón de un público internacional creando un vínculo que iba más allá de la forma en que hablaban sus protagonistas. 

Lo cierto es que en el mundo del doblaje existe un idioma universal: el humor, pues sea como sea las risas y carcajadas suenan igual en cualquier idioma.